viernes, 6 de noviembre de 2009

Historia de vida

Tenía todo previsto, todo organizado de antemano, hice planes, proyectos y tracé planos de mi vida. Todo coincidiría con todo y apenas comenzado el camino ya tuve el primer cambio, que en realidad fue el que modificó todo, seguí como pude. Armé un nuevo plan, una nueva estrategia de vida, siempre con la nostalgia del primer proyecto perdido, pero lo volví a intentar, en medio de éste se produce la primera pérdida trágica de mi vida, se me muere mi único hermano a los 19 años. Detuve toda mi acción, mis padres me necesitabaan, entonces qué hice? El peor error de mi vida, para darles un nieto a mis padres me casé con un hombre que ya no quería y estaba a punto de abandonar.
Hice lo que pude con un matrimonio sin amor, me aferré a mis dos hijas, la mayor que estuvo solita ocho años hasta que nació su hermanita y entonces sí mi felicidad fue completa, no tenía a mi primer amor, no tenía a mi hermano, no amaba a mi marido ni él a mí, pero tenía a mis dos hijas, mis dos soles, mis cuotas de oxígeno para vivir, exactamente el 50% cada una me lo proporcionaban ellas.
 Entre mis primeros proyectos, hubo una carrera que a esta altura apenas llevaba un tercio, igual con todas mis obligaciones de madre, de esposa y de empleada administrativa, me puse a continuar mi carrera, pasaron ocho años, hermosos, lentamente y con abandones intermitentes pero seguía estudiando.
Mi hija mayor cumplió quince años, tuvo la más hermosa fiesta que alguien pueda tener, ella fue inmensamente feliz y yo también. Al año y medio de esa fiesta esa hija amada se enferma de leucemia y a los cuarenta y dos días se me va para siempre. Creí que allí perdería no solo el rumbo, sino hasta la cordura, estuve muy mal, tanto que creí morir, llegué a llorar gritando su nombre; hasta que gente amiga me llevó a un terapeuta, en el colegio de mis hijas me ayudaron con tareas de todo tipo que yo hice con todo mi amor y en dos años continué mi carrera. Mi hija menor ya tenía diez, terminé y me recibí de profesional universitaria cuando habían pasado cinco años de la partida de mi hija mayor, la menor tenía trece. Creí que llegaba mi momento de comenzar a descansar de tanto dolor y de tanto trabajo para levantarme del terrible pozo en que caí, pero no, apenas ocho meses después de recibida, cuando aún estaba pagando mi derecho de piso, mi marido en ese entonces decide dejarnos a mi hija menor y a mí e irse a vivir lejísimo de donde yo vivo.
Quedé sumida nuevamente en la depresión, otra pérdida y van...Sí claro, todos dicen lo mismo y yo también así lo sentí no es ni la milésima parte del dolor de la pérdida de mi nena pero yo estaba apenas reponiéndome y teniendo la primera alegría, la de haberme recibido. Estuve seis meses sola con mi hija sin saber qué hacer.
 Hasta que me dí cuenta que lo que tenía que hacer era ponerme a trabajar con mi título y urgente porque el malnacido apenas si ayudaba con algo.
  Así, lentamente comencé a trabajar en mi casa para poder cuidar y no dejar sola nunca a mi hija. Trabajé mucho, tenía 46 años y lo venía haciendo desde los 18, pero lo seguí haciendo con todo el tezón y con todo el amor que por mi hija siento, porque tenía que demostrarle que siempre en la vida ante todo, aunque sea lo peor hay que levantarse y seguir, por eso seguí estudiando, no para trabajar ya no tenía ganas y la situación económica con mi marido era buena, pero se fue y tuve que ponerme con todo. Y lo hice con todas mis fuerzas, atendía la casa, la comida y la ropa de mi hija y mi trabajo que me demandaba trabajo en la calle en la mañana y atención al público en la tarde, sin contar las noches sentada en esta computadora escribiendo y escribiendo porque de eso se trataba mi trabajo, además de caminar mucho y hablar mucho.
Hace cinco años, me enfermé, me internaron en terapia intensiva, estuve diez días, casi no salgo de esa. Tengo EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) y un problema cardíaco.
 Comienzo tratamientos de toda especie y a los dos años de eso vuelven a internarme en unidad coronaria con diagnóstico quirúrgico, caso contrario me dieron cuatro años de vida...No quise estar más en ese lugar es el Sanatorio Güemes de Buenos Aires, lo peor que existe en medicina en este país.
 TRabajé lo que pude hasta diciembre del año pasado, mi depresión y la cantidad de medicamentos que comencé a tomar para el corazón ya no me permitieron más. Toqué fondo. Hace casi un año que no sé qué hacer con mi vida. Mi hija de casi 24 años hace su vida por supuesto que no tiene nada que ver con la mía y menos con mis enfermedades.
  Hace casi tres meses que estoy enferma, primero una caída accidental en mi casa que me produjo fuertes golpes y luego una infección respiratoria que terminó después de un mes de tratamiento, estuve tres día bien y hace una semana volvió, estoy peleando para que no se transforme en neumonía. Me siento mal, toso todo el tiempo, siento que mi hija no comprende mi estado, tengo terror a tener que necesitar un médico de urgencia y que me internen, ruego a Dios para que eso no suceda, ya no puedo hacer nada más. Perdí el rumbo.

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