miércoles, 1 de diciembre de 2010
El amor revitaliza
Decir que estoy en medio de la nada absoluta, puedo reconocer que es demasiado, estoy un poco en el mundo, pero no todo lo que debiera en esta etapa de mi vida.
Creo que lo que me ha pasado es que he llegado al cansancio de vivir y por lo tanto, subsisto, sí subsisto, porque hay que seguir, porque hay una hija, porque hay una casa que mantener y unos animales que cuidar y una vida en el cuerpo que todavía se mantiene y genera instinto de supervivencia.
Debo reconocer que conozco por lo menos una parte del origen de estos problemas que me aquejan, una de ellas, la más importante la ausencia de mi hija mayor, su partida fue un golpe del que nunca me pude levantar del todo. Aunque tuve etapas en que pareció que renacía, siempre fue en base a medicamentos, naturalmente tuve un año solamente que yo recuerde que no tomaba nada y me sentía muy bien y paradójicamente fue el año en que salí con un hombre luego de mi separación, que me hizo sentir tan bien que hasta dejé de tomar medicación alguna. Pero no duró más que un año o quizás dos, no recuerdo bien, luego comencé otra vez, porque la relación se deterioró y mi ánimo, mi psiquis y mi estado emocional en general, volvieron a sentirse deprimidos.
La otra razón que estoy segura me lleva a este estado constante de tristeza, depresión y melancolía es la ausencia de un amor, sí, a mis cincuenta y pico creo que debería tener una pareja y hace ya por lo menos ocho años que no la tengo. No hay edad para que un ser humano esté acompañado y tenga alguien que lo quiera y a quien querer. Llegar a la madurez en soledad no es lo más aceptable y menos en personas como yo que no nos damos permisos para salidas solitarias o parejas ocasionales.
Esta falta de pareja en mí, tiene que ver con un sentimiento patológico que tengo hacia un hombre que hace muy poco pude recién darme cuenta que idealicé, que lo armé como yo quería que fuese, porque no lo veía desde que éramos adolescentes, con el transcurrir de los años, tuvimos muy pocas oportunidades de volver a vernos y hoy me doy cuenta que en realidad nunca lo conocí verdaderamente.
Ahora estoy alejada totalmente de él y esto me hace sentir más sola de lo que me sentiría si no hubiese tenido los últimos meses una relación telefónica y virtual frecuente.
De pronto todo se desmoronó y lo construído en seis meses hoy es silencio total. Por eso me siento mal ahora y por eso he transformado mi vida en un aislamiento casi absoluto.
En resumidas cuentas sigo adelante con mi vida, sigo caminando, con muletas psicológicas y encerrada en mi pequeño mundo, pero sigo caminando hasta que mi salud o Dios me digan basta, hoy se termina todo y entonces... adios.
Nota. Busqué una imagen para ilustrar la entrada y encontré ésta que me gustó por ser una joven melancólica y pensativa como alguna vez yo lo fui pero no reparé en el nombre "Rosa", que casualmente es el nombre de la esposa del hombre que idealicé y por el cual hoy estoy como estoy.
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